Navegando el Paraná

La Solapa

Mariana Fumaneri, Marta Brasseur, Graciela Schaab, Silvia Pingsdorf, Rosario Badano

Paraná, Entre Ríos, Argentina

¡Qué grande esta oportunidad de poder compartir nuestra experiencia colectiva que sostenemos hace más de diez años! Y esta oportunidad me transforma en relatora y escritora inesperadamente.

Cuando quedamos libres, la dictadura se iba debilitando pero continuaba con su mirada sobre nosotras. El contexto político social era amenazante y nos fuimos descubriendo y adaptando a vivir en libertad, a recuperar afectos, establecer relaciones familiares, de amistad, de parejas y laborales. Así fue que “Nosotras”, las de Paraná, tuvimos diferentes y convergentes recorridos donde desarrollamos actividades como militantes sociales, políticas, sindicales y, por sobre todo, militantes de Memoria Verdad y Justicia en organismos de Derechos Humanos (DDHH). Logramos insertarnos en una sociedad a pesar de los esfuerzos que hicieron por ignorarnos, doblegarnos y destruirnos.

Nos íbamos encontrando con frecuencia en diferentes espacios. Iba creciendo la necesidad de organizar algo y así fue que comenzamos a reunirnos para hablar sobre las necesidades y sentimientos que nos recorrían, de encontrarnos y generar una propuesta amplia e inclusiva. La decisión política de los presidentes Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner de reconocimiento de los DDHH como política de Estado fue un contexto en el que se potenció la propuesta de crear una asociación que nos contuviera como ex presas y ex presos políticos de Entre Ríos.

A sugerencia de Cristela Godoy le pusimos el nombre de La Solapa que identifica nuestras raíces entrerrianas y, si bien cada una en su infancia la ha imaginado de un modo u otro, acordamos referenciarnos en la descripción poética de un entrerriano prestigioso: Don Santos Tala. Este duende que los adultos invocaban para evitar que las niñas y niños anduviéramos en las calles durante las calurosas siestas de la zona: “Es la dueña de la siesta, con su sombrero grandote”. Nos apropiamos del duende y lo hicimos nuestro.

Y es así que la asociación La Solapa de ex presos, presas y exiliados de la provincia de Entre Ríos desarrolla actividades sostenidas en la lucha y promoción por Memoria, Verdad y Justicia desde 2007 con personería jurídica. Logramos un reconocimiento político y conseguimos ser parte activa de la Red de Organismos de Derechos Humanos de Entre Ríos (RODHER).

Los trece años de trabajo, producción, dolores y alegría se fueron cimentando en la dirección política en DDHH y construcción de una sociedad justa que sustenta la asociación. Este recorrido en su densidad y complejidad tiene un núcleo duro que es pensar y actuar colectivamente con el norte en DDHH y nuestra brújula que reivindica nuestra participación activa como juventud en los años ’70: ser sobrevivientes y continuar la lucha por una Patria libre, justa y soberana.

Asumimos diferentes líneas de acción de acuerdo con los contextos sociopolíticos que atravesamos. Partimos con la tarea de atender las situaciones de precariedad en lo laboral, económico y problemáticas de salud que estaban pasando muchos compañeros y compañeras. Realizamos un censo que nos posibilitó tomar contacto con muchos compañeres y recorrimos la provincia. Ese acercamiento favoreció un encuentro cara a cara en el que se recuperó tanto lazo, tanta historia y tanta necesidad de futuro.

En la provincia trabajamos junto con otros organismos de DDHH, sociales, sindicales y políticos en la preparación y conducción de la marcha del 24 de Marzo, instalada en la agenda provincial. La convocatoria crece, cada año son más los que nos acompañan. Y nos encontramos en la calle cada vez que los derechos son vulnerados y que estos principios han sido interpelados o atropellados.

Con la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final se vislumbraba el fin de la impunidad llevando adelante los juicios iniciados e iniciando otros. De ahí la necesidad de aportar como testigos y querellantes, acompañando y sosteniendo a quienes podían contribuir en el esclarecimiento de los hechos.

Como sobrevivientes de las políticas represivas instaladas durante la dictadura genocida, mediante un plan sistemático de desaparición, destrucción y muerte, éramos necesarias y necesarios para desenmascararlos y acusarlos. Las y los que estuvimos durante años detenidas en cárceles provinciales y federales teníamos y sentimos el derecho y la obligación de que se conociera la Verdad. Participamos activamente en los juicios de Lesa Humanidad como testigos sobrevivientes y querellantes del genocidio perpetrado desde el Estado en los años de la dictadura cívico militar. 

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La transmisión y el legado -pasar la posta- constituye un eje central. En este sentido, se realizan trabajos de difusión de memoria en las escuelas a través de charlas testimoniales y se organizan eventos como presentación de libros, películas, obras de teatro, muestras y charlas que desaten conciencia acerca del pasado reciente y la apropiación de derechos.

Dar testimonio de nuestra historia ha sido una constante. Si bien lo veníamos haciendo en forma individual, promovimos que el interés se canalizara por la asociación. Fundamentalmente trabajamos con universidades, facultades y escuelas secundarias y de adultos manteniendo una estrecha relación. Somos convocados, sobre todo, en el mes de marzo y en los ingresos universitarios.

En estos años también hemos tenido puntos de inflexión y cansancio. Armamos comisiones de trabajo para incorporar jóvenes, nuevos actores que traen aires frescos y bríos. Además, inauguramos otros espacios y desafíos múltiples que renuevan los compromisos.

Los lazos políticos están sustentados en vínculos y sentimientos personales que se profundizan en otras maneras de encontrarnos en la vida. De esa búsqueda, un día surgió un terreno con una modesta construcción en un pueblo cercano a Paraná y al río, el “refugio”. Nuestro refugio de encuentros, celebraciones, asados domingueros, donde cada uno y una va aportando lo que puede y colaborando con en el mantenimiento.

Este logro de continuar, de trabajar en conjunto, de sostenernos con las coincidencias y diferencias es parte y producto de nuestra formación solidaria. También de nuestros aprendizajes en esos años de convivencia impuesta, donde a pesar de los intentos no pudieron quebrarnos. Vale la pena compartirlo, ¡es nuestro! ¡Es parte de todos, compañeres!

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