Liliana Vogler
CABA, Argentina
Mi vida en libertad atravesó situaciones de lo más diversas, alguien dijo de mí que era ecléctica. Lo cierto es que, saliendo en libertad a un paso del levantamiento del estado de sitio, luego de 8 años y 2 meses de prisión, el mundo había cambiado y mi mundo se había desarmado, con mis padres en el exilio, habiendo perdido la casa en Rio Cuarto donde vivíamos, después de 2 bombas de la Triple A y al recomenzar en Buenos Aires, debí reinventarme en todo sentido.
Dentro de ese espectro amplio, que va desde la actividad en DDHH, en lo sindical en el puerto y por los derechos de la mujer, hasta el trabajo en una gran empresa, donde llegué a ser Gerente de RRHH y Calidad, para finalmente dedicarme a mi actual profesión, la Lic. en Psicología. Voy a relatar dos aspectos muy disímiles de mi vida que hice o hago con pasión: 1- La actividad sindical y 2- mis aventuras por el mundo como buceadora.

Cuando ingreso a la Administración Gral. de Puertos me encuentro en un ambiente con gran predominancia de hombres, 3000 en el país y menos de una decena mujeres. Enseguida comienzo a participar de la mano de mi compañero, quien era dirigente sindical. Se corrió la voz por lo bajo sobre mi cárcel y se crearon algunos mitos sobre mí, tanto en el personal como en los Administradores, por lo que fui objeto de sospechas, algunas fundadas, como denunciar los documentos secretos sobre los grandes negociados del Puerto Madero con la Corporación privada, una gran estafa al estado.
Eran los últimos tiempos de Alfonsín y el inicio del gobierno de Menem. El puerto era una empresa estatal nacional que dejaba buenas ganancias y ayudaba a sostener al tren Sarmiento. Por ese motivo había un afán privatista. Nuestros objetivos eran lograr la personería gremial, dado que, con nuestra postura antiburocrática, no podíamos disputársela al sindicato que la tenía en ese momento, a pesar de que ellos representaban a una actividad diferente.
Por entonces llevamos adelante luchas históricas en contra de las privatizaciones, hasta paralizar los puertos del país por 48 días. A consecuencia de ello tomaron represalias despidiendo a muchos compañeros y una advertencia en mi caso. Mi participación en las asambleas era muy particular, ya que era la única mujer en un ambiente muy machista. Las mismas se realizaban en los depósitos del puerto y algunos compañeros no sabían cómo manejarse ante una mujer, cuidaban sus palabras o se disculpaban antes de decir algún insulto.
Ya en el puesto como Secretaria de la Mujer y la Familia (sin sueldo), me ocupé en dos frentes: por un lado las luchas contra las privatizaciones y por las condiciones laborales, y por el otro, tenía el firme objetivo de aportar un cambio en la mirada machista sobre el régimen de licencias que figuraba en el Convenio Colectivo de Trabajo. Empecé a investigar en las leyes de otros países avanzados como Suecia y en otros sindicatos, logrando redactar mi proyecto que contemplara al hombre como compañero y responsable tanto como la mujer en las tareas de crianza de los hijos y demás beneficios y deberes. Trabajando con las compañeras por la planificación familiar, el uso de anticonceptivos y contra el alcoholismo en los hombres, que traía además violencia en el hogar. Participaba también de los primeros Encuentros Nacionales de Mujeres y conducía un programa radial del sindicato en Lanús. Trabajaba para cuando el sindicato pudiera sentarse a actualizar el Convenio Colectivo de la actividad.
Pero el gobierno de Menem venía con intenciones opuestas. En lugar de ampliar derechos venía a quitarlos, echando por tierra tantos conquistados a lo largo de luchas históricas. En ese marco es que se da una Convención Nacional de sindicalistas mujeres en el Teatro San Martín, en diciembre de 1989. Convocadas por el Ministerio de Trabajo para explicarnos e intentar convencernos sobre el proyecto de Reforma Laboral que estaba en marcha. La sala estaba llena, pero luego de la disertación de las responsables, el resto solo podíamos hacer preguntas, antes de ir a trabajar en talleres. Sin embargo, las posiciones ya se olfateaban muy encontradas. Quienes no podíamos menos que oponernos a este quite de derechos e inauguración de una mayor precarización del empleo y aquellas más burocráticas que empezaban a soñar con acomodarse en el gobierno menemista.
Mi participación permitió que un grupo me alentara a pararme al frente para ser voz de la oposición a esas medidas y de sus argumentos mentirosos. Cuestioné la falacia de que de esa manera crecería el empleo y vaticiné que, por el contrario, lo que crecerá sería mayor desempleo y pobreza, denunciando que en ese momento mis compañeros del sindicato estaban en huelga de hambre para que los reincorporaran. ¿Adónde irían a trabajar los desocupados de las empresas estatales y públicas? Les preguntaba. Esto finalizó con la división de las mujeres de la CGT, que habíamos permanecido unidas cuando los hombres ya no. Y también vino un cambio de rumbo para mí a medida que avanzaba la privatización. Para lo cual conseguí que la Empresa pagara la capacitación en informática del personal que deseara avanzar o cambiar de trabajo. Ese fue mi caso, con la privatización me fui de la empresa.
Los tiempos habían cambiado por el año 1997. Trabajando en una empresa, separada y viviendo con mi hijo tuve la posibilidad de empezar a viajar y concretar esos sueños largamente postergados. Estando en Cuba me crucé con buceadores y me interesé por esa actividad. Como había abierto mis alas, cada vez que soñaba con algo, aunque me resultara imposible, me decía: ¿y por qué no?
Estando ya en Capital fui una noche invitada a una pileta donde se enseñaba buceo e hice mi primera zambullida de la mano del instructor. No me resultó fácil animarme, apenas me defendía nadando y la pileta de 4 metros de profundidad me daba mucho temor, decidí hacer el 1er curso que me cambiaría la vida, o al menos el curso de mis vacaciones, buscando en los mares del mundo unas experiencias muy movilizadoras, junto a personas desconocidas y en culturas exóticas que abrirían mi cabeza y me convocarían a nuevos desafíos.
Etiquetas: ACTIVIDAD GREMIAL, GÉNERO